Y todo se desbarata como un castillo de naipes. Se viene abajo, como arriba se vienen las sensaciones dormidas en las tinieblas que siempre me habitaron. No importa nada ahora. Estamos en un lugar del que no se puede volver. Corremos a ciegas, con las manos extendidas, intentando agarrar los pedazos de felicidad que se nos escapan. Son rápidos, fugaces, y cuando creemos haberlos agarrado, se nos escapan de entre los dedos como la arena del desierto alumbrado por la luz de una luna menguante en el que mueren todos los suspiros.
Piensas que la soledad no te afecta, que eres un cazador, un depredador, una criatura de la noche. Y sabes, que en el fondo, solo te engañas a ti mismo. Eres débil por más que te pienses fuerte, y careces de la voluntad para cambiarlo. Solo sigues adelante como un autómata, esperando que los eventos de tu vida se sucedan unos a otros. Eres como una pantera en una jungla muerta, de árboles calcinados y ríos secos llenos de los restos de lo que alguna vez fue vida. Pero te cortaron las garras, y tus colmillos ya no son lo que solían ser.
Pero aún hay algo dentro de ti. Sabes tan bien como yo que lo hay. Por eso te dedico estas líneas. Por eso me dirijo a ti después de tanto tiempo. Abre los ojos, ángel de tinieblas, y toma las riendas de los vientos, pues tus alas de plumas negras no fueron hechas para volar al son de las corrientes. Sé fuerte y aguanta las acometidas del destino, pues tuyo es el poder de influir en la forma en la que este se teje para ti. Parte en busca de tus armas. Sabes que una vez fueron tuyas, te supiste poderoso, capaz de todo.
Esgrime tu espada flamígera con fiereza, y no tengas piedad de aquello que te acompaña en tu travesía por la oscuridad. El fuego de la verdad te enseñará el camino de la luz si empuñas el mandoble con voluntad y determinación. Necesitarás también tu lanza, con la punta forjada en la fragua de los sueños nacidos de la inocencia. Lánzala, lánzala lo más lejos que puedas, y sigue la trayectoria, pues en su vuelo verás que eres capaz de que tus propios sueños se vuelvan tangibles. Y no olvides tu escudo hecho de determinación, adornado con los rubíes y las esmeraldas del autoestima. Que nadie sea capaz de dañarte, ángel funesto, pues solo podrán causarte dolor aquellos a los que tú les des el poder de hacerlo.
domingo, 26 de febrero de 2012
martes, 21 de febrero de 2012
Quiero hundirme en tus besos de plata
Quiero hundirme en tus besos de plata
y volar con alas de plumas negras.
Eres fuego, y sin saberlo alegras
un alma que al alba se desbarata.
y volar con alas de plumas negras.
Eres fuego, y sin saberlo alegras
un alma que al alba se desbarata.
Eres como una lágrima que hidrata
mis versos, y con tu ser desintegras
mi existencia, como crueles legras
me acaricias, y tu ausencia me mata.
Fuimos como un beso en la última noche.
Fuimos un oportuno susurrar.
Fuimos amantes del dulce derroche.
mis versos, y con tu ser desintegras
mi existencia, como crueles legras
me acaricias, y tu ausencia me mata.
Fuimos como un beso en la última noche.
Fuimos un oportuno susurrar.
Fuimos amantes del dulce derroche.
Fuimos el sol reflejado en el mar.
Fuimos separados por el reproche.
Fuimos siervos del amor y el amar.
Fuimos separados por el reproche.
Fuimos siervos del amor y el amar.
Fuiste para mí...
Al fin puedo llamarte por tu nombre. Después de tanto tiempo me doy cuenta de lo que eras para mí. Un veneno. Un muro. Una luz cegadora. Un mal envuelto en sueños ridículos y coloridos. Cómo quisiera no necesitarte de esta forma, que fuera más fácil apartarte de mis pensamientos y de mis deseos.
Esta guerra es mía, cariño, ya puedes quedarte en tu maldito búnker, y no salgas de ahí si no quieres que te vuele la tapa de los sesos con mis canciones compuestas mientras me hundía en el desamor, con las ilusiones que tu sonrisa cálida y blanquísima como la cal tejió para mi alma crédula, con la rabia de saber que todo esto podría haber sido diferente.
Pero todo ha llegado a este punto. Somos tú y yo. Dos cometas atraídos por diferentes órbitas. Dos notas en diferentes pentagramas, el tuyo en clave de sol, el mío en clave de fa en cuarta. Perteneces a lo intangible, a lo inalcanzable, igual que perteneciste a lo más profundo de mis pasiones. Y yo… yo simplemente pertenezco a la música, y al viento ululante que acaricia los árboles en las noches de invierno. Podríamos haber llegado tan lejos, hacer tantas cosas… Pero no fue posible, nuestros caminos están destinados a no cruzarse.
Por eso, quisiera presentarme delante del escritorio del cabrón que escribe las historias de nuestras vidas y apuñalarlo con el témpano que decidir apartarme de tu calidez dejó donde antes había un corazón palpitante. Porque en el fondo soy un mentiroso. Porque, en realidad, fuiste para mí un acorde perfecto en mitad del silencio, el tacto de la madera bajo mi barbilla, el aroma de un incienso dulce acariciándome en la oscuridad. Reconozco que jugué con el fuego, y me gustó, pero, como avisaron, me acabé quemando.
viernes, 17 de febrero de 2012
No consigo entender...
Parece que no lo conseguimos. Siempre nos creemos al otro lado de la valla, y cuando miramos a nuestro alrededor, comprendemos que aún no hemos saltado. Estamos encerrados aquí dentro, y no hay posibilidad de escapar. Lo siento, pero nos quedamos aquí hasta que alguien se atreva a meter la llave en la cerradura. Esperemos que los gritos no le asusten, no sería muy apropiado.
Mira que te tengo dicho que no dibujes amapolas, que los destellos del sol en el agua estival saben a los labios de un primer beso. Siempre te digo dónde está enterrado, y cómo desenterrarlo, pero tú sigues con tu testarudez. Elevas tu telescopio al cielo, pretendiendo saber a qué huelen los sollozos de los vientos que fueron desterrados. Los expulsaron del palacio de cristal donde serpientes y arañas bailan al son de los dedos de nuestro dolor, que repiquetean en el frío mármol de una escalera de caracol que sube hasta la falsa felicidad que tejieron para nosotros con hilos de hipocresía de color magenta.
Sube conmigo, incluso te dejaré las riendas de mi carro tirado por dos sonrisas, una sincera y otra teatral. ¿Sabrías distinguirlas? Sí, eso es, la sincera es la que tiene un lunar en el lomo. La otra tiene las patas blancas, y se encabrita si se cruza con alguna culebra. Conduce, y llévanos más allá del arcoíris en blanco y negro que alguna vez pudimos acariciar con las manos cubiertas por guantes de látex. Guíanos por los caminos tortuosos de la confusión que pueblan estos bosques hechos de te quieros apresurados y de versos malgastados y quemados bajo la luz de una lámpara de gas.
Que no quiero sino romper las ataduras que nos unen a las alas de las palomas negras que quieren picarle los ojos al cadáver de nuestra musa, a la que una vez conocimos por los siete nombres secretos de la verdad, que no quiero sino sentirme fuera de esta caja de plástico en la que me encerraron junto a una quinta no tan justa como debería, que no quiero sino sentir una mirada como la mía, una mirada sincera, y poder, por fin, cerrar los ojos. Poder, por fin, descansar.
Y que todo sea una explosión de pétalos ardiendo en el aire, volando en espiral a nuestro alrededor, porque las espirales no son sino principios seguidos de finales seguidos de principios, y eso es lo que quiero, un bucle en el que perderme contigo o sin ti, un lugar del que no salir ni para coger aire, un lugar del que desear escapar, dejando solo llamas tras de mí.
Y sin embargo, te quiero.
Carta 10
Buenas noches,
Estoy contento, ¿sabes? Voy evolucionando de formas que jamás me creí capaz.
Te escribo para decirte que hace tiempo que no te siento conmigo, y eso me hace sentirme estúpidamente bien. No es que no te eche de menos, pero empiezo a darme cuenta de que aquí mando yo, de que eres fácilmente desechable después de todo, de que ya no tienes el control sobre mí. Seguro que cuando leas eso sonreirás, y pensarás que soy un necio. Y yo tendría la certeza, si te viera hacerlo, de que el necio eres tú si acaso opinas que las cosas son como antes.
Sabes tan bien como yo que he vencido a mis demonios. No, a ti no te considero mi demonio, no te tengas en tan alta estima. Tú eres, simplemente, como Jeff Lindsay escribió, “mi oscuro pasajero”. No, tú no me haces matar, quizás porque aún me falta saltar algún que otro muro para alcanzar el grado de psicópata, pero me haces igualmente cometer acciones de las que me acabo arrepintiendo irremediablemente. Mi vida, hace un tiempo, era una sensación continua de arrepentimiento. Sabes bien de lo que te hablo. Y puedes decir a boca llena quién tiene la culpa. Y yo, ¿qué podía hacer? Solo soy un patán sin voluntad.
También eres conocedor del hecho de que tengo adicciones inconfesables. Sí, lo sé, nací con casi doscientos años de retraso. Pero qué quieres que le haga, ya no es época para enamorarse de unos ojos verdes reflejados en el agua, o de un rayo de luna, aunque tal vez sí de Lotte. Bueno, durante un tiempo pude comprender a Werther, pero ahora las cosas han cambiado.
Es curioso, pero estoy bastante saciado por ahora. Me siento estable, y parece que no necesitaré más teatro en un tiempo. Estoy pensando en guardar la colección de máscaras en el baúl de nogal que encierra todo lo bueno que alguna vez pude tener. Me siento como un campo que, después de haberse pasado todo el invierno bajo la nieve, vuelve a notar la calidez del sol. ¿Cuánto crees que durará esta vez?
De todas formas, no quiero que pienses que voy a olvidarme de ti. Puedo asegurarte que, en un tiempo, voy a necesitarte de nuevo. Siempre acabo necesitándote. Y entonces gritaré tu nombre, soplaré el cuerno (tres veces no, tranquilo) y sabrás que tenemos trabajo de nuevo. Hasta entonces descansa, amigo mío, has luchado bien esta batalla, pero por ahora, cuelgo la espada.
Un abrazo y hasta siempre,
V.S.
¡Sorpresa!
Me elevo en el aire, dejo atrás la tierra que en su ansia egoísta me asía contra su superficie, mi cuerpo, lastre inútil entregado a toda clase de pasiones, y mis lágrimas, tantas veces derramadas por nimiedades absurdas. Es hora de avanzar, de no mirar atrás, ni abajo. Vuela, ángel de tinieblas, vuela como nunca lo hiciste, y no pienses en las consecuencias. Escapa de este lugar mustio, pues aquí solo queda una tierra yerma de la que nacerán quimeras retorcidas por el dolor iridiscente de los recuerdos susurrantes.
Eres un soldado que no sabe vivir en paz. Sabes que eres adicto al dolor, un yonki del sufrimiento. Ya sea tuyo o ajeno, disfrutas con ello, te regocijas, y los sollozos te suenan como la más maravillosa de las sinfonías. Tienes alma de poeta desalmado, de músico frustrado, de loco enamorado, de torturador torturado. Cuando todo está en calma, te sientes inquieto, con ganas de pegarle a alguien por el mero hecho de notar el revuelo. Cuando todo está tranquilo, quieres agarrar el sol y derribarlo de los cielos. Que caiga en el bosque infinito de tus sueños perdidos, y que todo arda, que no queden ni las cenizas. Cuando solo queda la quietud, quieres que el mundo entero sea una explosión.
¿Estás listo? Te toca salir al escenario, una noche más. Venga, se te da bien interpretar el papel. Sonríe al público, que se te note seguro de ti mismo. Haz lo que siempre haces, sujétate bien la máscara y cíñete al papel. ¿Cuántos has interpretado a lo largo de tu vida? Ya perdimos la cuenta. Pero no importa. Sigue interpretando un poco, todo se resume a eso, a una farsa esperpéntica. Después, entre bambalinas, la risa de siempre. ¿Cómo no se dan cuenta de que todo es un mero espectáculo? Los artificios de siempre siguen funcionando, y todo te parece absurdamente patético. Después, entre bambalinas, la preguntas de siempre. ¿Por qué lo haces? ¿Qué sacas tú con todo esto? Pero, ¿qué más da? El espectáculo debe continuar.
Y al final, volvemos a estar tú y yo, la misma cosa en dos mitades, envueltos por nuestra cinta roja y dorada, con una inscripción que, con letras negras y doradas, anuncia lo único verdadero que tenemos para ofrecer a nuestra querida audiencia: demencia.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Confesiones y delirios con sabor a melocotón.
Laúd a la espalda, pluma en mano, y tormenta en el corazón. Cuando sientas que nada tiene sentido, que todo se mezcla en una amalgama de confusión, que la quietud fue profanada de forma cruel, con desdén, entonces sabrás que he llegado.
Nadie dijo que esto fuera a ser fácil. No se puede perseguir al viento, muchos enloquecieron siguiendo sus pasos, intentando pronunciar su nombre. Querrás someterme, sentirme tuyo, sentirte mío quizás, pero sabrás, llegado el momento, que nada es lo que parece. Caerás en mi red, en mis artimañas, sentirás mis fauces cerrándose sobre tu cuello y escupiendo una masa de carne y de sangre, y entonces sabrás que he llegado.
Soy inexpugnable como una fortaleza construida con humo y luces de neón, intangible como las nubes que se disipan en una tarde de verano húmedo, incomprensible como un trabalenguas escrito en una lengua para la cual no encontraron piedra de Rosetta. Soy un hechizo lanzado por un mago lunático y novato, en latín artificial, mal pronunciado, por supuesto, las ces no suenan como una ch, ¿crees que esto es italiano? Sin embargo, acabo haciendo efecto, sentirás mi magia en ti, y entonces sabrás que he llegado.
Me agazapo en la noche, me camuflo con la máscara del Dottore, con la nariz de cuero blanco y negro bien larga, para poder olfatear mejor las intenciones falsas de la basura de tu calaña. Te observo, me río de tu existencia patética, y donde antes hubo repulsión por la forma en la que perviertes los ideales en los que baso mi forma de ser, no hay ahora sino una lástima profunda y absoluta, porque te he escogido como mi presa, y voy a ahogarte poco a poco, haciéndote daño, deleitándome con ello. Llegará el día en el que te sientas exhausto, vacío, sin un motivo para seguir existiendo, y entonces sabrás que me he ido.
Nadie dijo que esto fuera a ser fácil. No se puede perseguir al viento, muchos enloquecieron siguiendo sus pasos, intentando pronunciar su nombre. Querrás someterme, sentirme tuyo, sentirte mío quizás, pero sabrás, llegado el momento, que nada es lo que parece. Caerás en mi red, en mis artimañas, sentirás mis fauces cerrándose sobre tu cuello y escupiendo una masa de carne y de sangre, y entonces sabrás que he llegado.
Soy inexpugnable como una fortaleza construida con humo y luces de neón, intangible como las nubes que se disipan en una tarde de verano húmedo, incomprensible como un trabalenguas escrito en una lengua para la cual no encontraron piedra de Rosetta. Soy un hechizo lanzado por un mago lunático y novato, en latín artificial, mal pronunciado, por supuesto, las ces no suenan como una ch, ¿crees que esto es italiano? Sin embargo, acabo haciendo efecto, sentirás mi magia en ti, y entonces sabrás que he llegado.
Me agazapo en la noche, me camuflo con la máscara del Dottore, con la nariz de cuero blanco y negro bien larga, para poder olfatear mejor las intenciones falsas de la basura de tu calaña. Te observo, me río de tu existencia patética, y donde antes hubo repulsión por la forma en la que perviertes los ideales en los que baso mi forma de ser, no hay ahora sino una lástima profunda y absoluta, porque te he escogido como mi presa, y voy a ahogarte poco a poco, haciéndote daño, deleitándome con ello. Llegará el día en el que te sientas exhausto, vacío, sin un motivo para seguir existiendo, y entonces sabrás que me he ido.
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